Reloj Social

En el post de esta semana quiero hablar de un concepto que puede llegar a guiar las decisiones que tomamos en nuestra vida: el reloj social. Y es que, aunque cada vez tenemos más claro que la vida es demasiado corta como para hacer lo que los demás esperan de nosotros, todavía hay quien se deja llevar por las expectativas que la sociedad sociedad mantiene acerca de los roles, valores, actitudes y conductas que cada uno debería desarrollar en las distintas etapas de su vida.

El término “Reloj Social” fue acuñado por la psicóloga Bernice L. Neugarten, y hace referencia a la existencia de ciertos hechos sociales claves que conforman la vida de todo individuo y que permiten su ubicación tanto por los otros como por sí mismo, en una categoría de edad. Los hitos del reloj social marcan a que edad debemos terminar de estudiar, nos debemos casar, independizarnos o tener hijos, es decir, marcan los momentos dónde debemos tomar las decisiones más importantes de nuestra vida. Para Neugarten, cuando esas transiciones se llevan a cabo de acuerdo con ese calendario generan menos estrés que cuando se anticipan o se retrasan. Aquellos que han logrado las tareas previstas a cierta edad se consideran bien ajustados en el marco de la sociedad, mientras que los que están por delante o por detrás de horario se considera que no lo están.

En los últimos 40 años, los papeles sociales de hombres y mujeres han cambiado mucho, por lo que los plazos del reloj social para hitos se han vuelto más flexibles. Lo que antes eran estrictos códigos de conducta se han vuelto más relajados frente a las tendencias modernas. Pero aún así, las personas que mantienen el ritmo del reloj social cuentan con un cierto nivel de aceptación y compromiso en el funcionamiento de la sociedad. Los que van a la zaga o prefieren ignorar el reloj completamente, corren el riesgo de ser condenado al ostracismo en cuanto a cuál es su lugar dentro de las normas establecidas de la sociedad.

El Reloj Social es sensible a los cambios que en la sociedad suceden e influyen en las actitudes y conductas de todos sus miembros. Los hombres y las mujeres tenemos relojes sociales en la cabeza que nos ayudan a juzgar nuestra propia conducta y la de los demás en términos de pronto, tarde o a tiempo. Por eso, siempre que nos comparamos con el resto de gente de nuestra edad, acabamos encontrando alguna faceta de nuestra vida en la que no estamos avanzando, y eso nos causa frustración. Lo más importante es que tengamos claro cuáles son nuestros objetivos y que es lo que estamos haciendo para lograrlos, independientemente de lo que se espera que hayamos logrado a nuestra edad.

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Los veranos de mi infancia.

Esta semana fue mi cumpleaños, y como siempre que llegan estos días, me pongo nostálgica recordando momentos del pasado. En el post de hoy voy a hablar sobre los veranos tal y como los recuerdo cuando era pequeña. Siempre digo que ahora los veranos no son lo mismo para los niños como lo eran para nosotros los niños de los 80 y 90. Las cosas han cambiado y mucho.

Empezaré diciendo que cuando era pequeña pasaba prácticamente todo el verano en el apartamento que mis abuelos paternos tenían en Gandía. Entonces Gandía no era lo que es ahora, no había apenas bloques de apartamentos (crecieron por cientos durante el periodo previo a la crisis) y aunque había discotecas como Coco-Loco y Bacarrá que formaban parte de la Ruta del Bakalao, nada que ver con lo que se ve ahora, y como ejemplo el programa de televisión que se grabó allí “Gandía Shore” donde 8 jóvenes vivían a tope su verano playero.

Y es que ahora las playas españolas no son lo que eran. Antes solíamos ir a la playa para relajarnos, a jugar libremente con nuestros hermanos y primos a las palas o con esas pelotas hinchables que daban con los protectores solares. No había tanta masificación como ahora y mi abuelo era de los que plantaba la sombrilla en primera línea de la playa sin ningún problema. La gente no iba con esas grandes carpas de decathlon con las que van ahora, ni con todo lo demás que la acompaña, ni se escuchaba ningún teléfono sonar porque nos llevábamos libros y revistas para leer o algún juego como la oca para jugar.

Lo más chic que tuve yo fue una colchoneta con forma de plátano,
tipo las colchonetas con forma de unicornio o cisne que tan de moda están este verano. Con ella mi hermano y yo éramos los reyes de la playa. Y cuando nos bañábamos hacíamos como que uno de los dos se ahogaba y el otro lo rescataba cual “Vigilante de la playa”. A mí me conocían como “la rubita” en todo el bloque y solíamos hacer fiestas de disfraces dónde lo pasábamos genial con todos los niños que veraneaban allí sobre todo procedentes de Madrid.

Aquellos veranos tenían como banda sonora canciones como “El tractor amarillo”, “La Macarena” o “El tiburón”, y los maestros solían mandarnos un cuadernillo de repaso de lo que habíamos dado durante el curso, el conocido “Vacaciones Santillana” que yo solía hacer la primera semana para así no tener obligación alguna durante el resto del verano. Mi helado favorito era el Frigopie y en Gandía había un cine de verano al aire libre al que íbamos para ver los últimos estrenos con nuestro bocadillo y nuestra Coca- Cola.

Aunque no había escuelas de verano, nos lo apañábamos quedando con los amigos para ir a jugar al parque, a montar en esos columpios de hierro que te quemaban el culo, a patinar o a alguna casa de campo dónde no había piscinas de obra sino unas balsas que también servían para refrescarse. Lo cierto es que éramos felices, creo que nuestros padres no estaban tan pendientes de nosotros y esa libertad nos hacía más independientes.

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El rastro del tiempo

Esta semana, ha salido ya publicado el microrrelato con el que gané el IV Certamen de Microrrelatos organizado por el CEIP “Giner de los Ríos” y quiero compartirlo en el post de esta semana. Lleva por título “El Rastro del Tiempo” trata sobre un escritor que tenía una visión muy particular sobre Yecla y su gente, y que además amaba la naturaleza y sabía expresar lo que sentía al caminar por las mismas calles y parajes que nosotros ahora. Aquí lo dejo:

“Se alejaba caminando de la ciudad, de sus calles anchas y sus viejos caserones destartalados. Era el vivo retrato de su padre, sobrio y discreto, todos lo conocían por su porte aristocrático, su bombín negro, su capa y aquel paraguas que siempre lo acompañaba. Paró para divisar la gran montaña que otrora albergó en sus faldas la morada de egipcios y griegos. Se ajustó su monóculo divisando el Monte Arabí, dejándose envolver por la emoción de aquella vista mientras sacaba del bolsillo su tabaquera con rapé. Sus ojos de pintor y su alma de intelectual admiraron la belleza del lugar, sosteniendo que, sin duda alguna, ese era el mejor tesoro que podían tener aquellos habitantes tristes y sombríos. Abrió su paraguas rojo y siguió caminando por aquella tierra árida, de lomas amarillentas y tonos ocres, escuchando atentamente el canto de cuatro collalbas negras que revoloteaban sobre su cabeza, amando el paisaje y sintiendo el alma de la tierra”.

Cómo habréis adivinado hablo de José Martínez Ruiz, más conocido por su seudónimo Azorín, uno de los principales escritores de la generación del 98 y muy unido a Yecla, donde pasó gran parte de su infancia. Camina acercándose al Monte Arabí, uno de los más queridos parajes de los yeclanos, por su magia y la historias que encierra.

Hace poco volví a releer “La Voluntad” una de sus obras más conocidas y descubrí que Azorín también hablaba de psicología en sus libros. En este libro en concreto, hay una cita que habla sobre la ansiedad con que afrontamos las situaciones de la vida. Dice así ” La vida es triste, el dolor es eterno, el mal es implacable. En el ansioso afán del mundo, la inquietud del momento nos cosume”. Además en otro momento dice así: “La imagen lo es todo, y así es más loco el más cuerdo”, hablando sobre que a veces actuamos pensando en el qué dirán más que en nosotros mismos. También cuando habla así ” Comprender es entristecerse; observar es sentir, vivir…”, quizás refiriéndose a que la vida nos va a poner delante de situaciones difíciles pero debemos ser capaces de afrontarlas. Azorín supo expresar como nadie la psicología en sus personajes.

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Efecto Flynn

Ahora que ha acabado el curso y las madres se dedican a enorgullecerse por las excelentes notas de sus hijos, alabando su gran inteligencia, quiero hablar en el post de hoy de un efecto que tiene que ver mucho con este alarde de los padres de hoy en día sobre sus hijos: el Efecto Flynn.

El Efecto Flynn toma su nombre del investigador de la Universidad de Otago (Nueva Zelanda) James R. Flynn, quién examinando los tests de inteligencia de más de
dos docenas de países, descubrió que las puntuaciones se han incrementado a razón de 0’3 puntos por decenio. Esto quiere decir que una puntuación buena en los años 90 era una puntuación brillante en los 70 y tan sólo una puntuación media en 2013. El efecto Flynn implica, que en promedio, un niño obtendrá en los tests de inteligencia unos 10 puntos más que sus padres a la misma edad.

Sin embargo, lo lógico es que la inteligencia humana tenga un límite natural, aunque es un hecho que no se sabe. El otro día leí que parece que este efecto se está invirtiendo desde el año 1975, es decir, que la gente nacida después de ese año, somos cada vez menos inteligentes. Después de la II Guerra Mundial se produjo un aumento en nuestro Cociente Intelectual pero desde entonces ha decaído al menos siete puntos por generación. El motivo no es una cuestión genética, si no que se debe a aspectos ambientales como determinados cambios en la enseñanza o el sacrificio del hábito de la lectura en favor de los ordenadores y las pantallas.

Se ha demostrado que las personas inteligentes establecen ambientes más estimulantes, dando lugar a un incremento en el CI de los hijos. Un entorno pobre y dañino crea el efecto opuesto. También puede explicarse el efecto Flynn por la mejora de la escolarización, la compensación de déficits nutricionales y los avances en medicina. Y lo que más claro se ha asociado a este efecto es el entorno cada vez más complejo, que requiere tomar decisiones en todo momento.

Tal vez no seamos más inteligentes que nuestros antepasados, pero no cabe duda de que nuestras mentes han cambiado. Nuestro razonamiento abstracto es más hábil ahora y nos hemos tenido que adaptar a este mundo donde la información discurre mucho más rápido.

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Día Mundial de los Refugiados.

Hoy 20 de junio se celebra, desde el año 2001, el Día Mundial del Refugiado. La Asamblea General de las Naciones Unidas decidió que debía celebrarse este día, coincidiendo así con el aniversario de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, en la que se definió quién es un refugiado, se determinó que un refugiado no debe ser devuelto al país donde teme ser perseguido, y se reconoció la necesidad de cooperación internacional para solucionar el problema además de resaltar la importancia de compartir la responsabilidad entre los distintos Estados.

Según datos de ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para el Refugiado), actualmente hay más de 45 millones de personas refugiadas, desplazadas y/o apátridas en el mundo. De ellas, aproximadamente la mitad son desplazadas internas, desarraigadas dentro de sus propios países. Guerras y conflictos armados dejan a millones de personas sin patria ni hogar, viéndose obligados a vivir en campos de refugiados, algunos de ellos desde hace más de 40 años como los saharauis en Tinduf (Argelia) o los palestinos en Jabalia (Gaza). Para sobrevivir, dependen únicamente de la ayuda humanitaria.

En estos últimos días, el barco “Aquarius” ha ocupado gran parte de los telediarios. Este barco, con 629 inmigrantes procedentes de Africa, rescatados por una ONG cuando se encontraban a la deriva frente a la costa de Libia, fue finalmente recibido en el puerto de Valencia el domingo, tras la negativa de Italia y Malta de recibirlos en sus puertos. Creo que el comportamiento de los gobernantes de estos países denota una falta de humanidad total y es el reflejo de la crisis de solidaridad que estamos viviendo actualmente. Ante esta situación, es fundamental el papel que asuma la sociedad al respecto y la voluntad de proporcionar recursos para mitigar los efectos adversos que conlleva.

Me ha entristecido leer estos días en las redes sociales discursos de tipo racista como “acógelos en tu casa”, “se infiltran terroristas”, o “no podemos acoger a más”. Además de los mensajes afirmando que los refugiados reciben más ayudas sociales que los españoles que han estado trabajando toda su vida, acompañados de la manida frase de “los españoles primero”. Supongo que quién comparte esta opinión piensa que nuestro país no tiene ninguna responsabilidad en los conflictos de los que huyen estos migrantes, cuando se sabe que la exportación de armas de los países europeos a zonas en conflicto no se ha detenido en ningún momento. España es el séptimo país del mundo y el cuarto de Europa que más armas exporta.

Todas las personas tenemos derecho a vivir en Paz y disfrutar de nuestros derechos fundamentales en nuestras comunidades de origen. Y si no es así, desde los países de acogida tenemos la obligación de facilitar que quienes sufren injustamente el desplazamiento forzado, puedan tratar de restablecer sus vidas mientras el regreso a su país, o su región de origen, no garantice su seguridad. Debemos ser conscientes de que los problemas fundamentales son la guerra y el odio, no las personas que huyen. Los refugiados no son inmigrantes ni turistas ni viajeros, son personas que han tenido que abandonar toda su vida por culpa de la violencia, la guerra o la falta de derechos humanos.

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Estrategias de afrontamiento.

A todos, alguna vez a lo largo de la vida, nos toca afrontar situaciones que realmente exceden nuestros recursos tanto cognitivos como conductuales. Son situaciones, que por inesperadas, o por alargarse en el tiempo, se presentan como grandes retos que superar. Y para ello, es necesario recurrir a estrategias de afrontamiento, que no son buenas o malas en sí, si no que dependen, entre otros, de la persona, del tipo específico de encuentro (entre la persona y el esresor) y el contexto. De ellas voy a hablar en el post de hoy.

Según los psicólogos Lazarus y Folkman, existen al menos dos funciones principales de afrontamiento, una focalizada en el problema y otra en la emoción. La función de afrontamiento focalizado en el problema es cambiar la relación ambiente – persona actuando sobre el ambiente o sobre sí mismo; se trata de manejar o alterar la fuente generadora de estrés. La función de afrontamiento focalizado en la emoción es cambiar el modo en se se trata o interpreta lo que está ocurriendo, para mitigar el estrés. El afrontamiento depende de la evaluación respecto a que pueda o no hacerse algo para cambiar la situación. Si la valoración dice que puede hacerse algo, predomina el afrontamiento focalizado en el problema, si dice que no puede hacerse nada, entonces predomina el afrontamiento focalizado en la emoción.

Estos autores elaboraron un cuestionario, el Ways of Coping Questionnaire (WCQ) en el que refieren 8 dimensiones. De ellas, 2 son estrategias centradas en el problema:

– Confrontación: Acciones directas dirigidas hacia la situación; por ejemplo, expresar ira hacia la persona causante del problema, tratar de que la persona responsable cambie de idea.

– Planificación de solución de problemas: Establecer un plan de acción y seguirlo, cambiar algo para que las cosas mejoren.

5 son estrategias centradas en la emoción:

– Distanciamiento: Tratar de olvidarse del problema, negarse a tomarlo en serio, comportarse como si nada hubiera ocurrido.

– Autocontrol: Guardar los problemas para uno mismo, procurar no precipitarse.

– Aceptación de la responsabilidad: Disculparse, criticarse a sí mismo, reconocerse causante del problema.

– Escape- Evitación: Esperar a que ocurra un milagro, evitar el contacto con la gente, tomar alcohol o drogas.

– Reevaluación positiva: La experiencia enseña, hay gente buena, cambié y maduré como persona.

Y una tiene componentes de ambos tipos de estrategias:

– Búsqueda de apoyo social: Pedir consejo o ayuda a un amigo, hablar con alguien que pueda hacer algo concreto, contar a un familiar el problema.

Por su parte, los psicólogos Carver, Scheier y Weintraub añaden además otras estrategias de afrontamiento entre las que se encuentran:

– Humor: Consideración de la situación restándole importancia o aliviando su efecto crítico.

– Religión: Incluye la búsqueda de apoyo espiritual mediante la depositación de la esperanza en creencias religiosas, puede ser de distintos rangos: profunda espiritualidad o más mecánica

– Negación: Forma de evitación cognitiva, oponiéndose a creer la realidad de la situación.

– Descarga emocional: Comunicación catártica del estado emocional como forma de eliminación de la tensión emocional suscitada por la situación.

– Autocrítica: Reconocimiento de las limitaciones propias y/o culpabilización de sí mismo, su eficacia depende del grado y extensión del análisis

El afrontamiento requiere la puesta en práctica de un abanico amplio pensamientos y conductas en continuo cambio para poder adaptarnos a las necesidades y demandas. Y aunque se ha demostrado que algunas estrategias son más efectivas que otras para mitigar el estrés que otras, lo cierto es que nuestra forma de responder va a depender mucho de la naturaleza del estresor y las circunstancias en las que se produce. En general, un afrontamiento óptimo requiere la capacidad de usar, de forma flexible, múltiples estrategias.

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El nuevo Gobierno.

Esta semana tenía que dedicar el post a hablar sobre la noticia del año. Desde que el jueves pasado empezó a ser una realidad la moción de censura a Mariano Rajoy, el país está realmente revolucionado. Hay muchas voces críticas acerca del modo de llegar al poder de Pedro Sánchez, sobre todo de con quien ha pactado, y además cierta incertidumbre acerca de las consecuencias que tendrá eso. Habrá que esperar a ver cómo funciona el nuevo Gobierno, que cómo mucho terminará los dos años de legislatura, y si finalmente, como mucha gente pretende imponer, se convocarán elecciones anticipadas o no.

Lo cierto es que en nuestro país no estamos acostumbrados a que se lleven a cabo mecanismos de control y exigencia de responsabilidad al Gobierno. Según la Constitución Española de 1978, es el Parlamento, el encargado de poder hacerlo puesto que el Gobierno sólo puede permanecer en el poder mediante una relación de confianza con él. Hay dos mecanismos para poder hacerlo y que se recogen en los artículos 112 y 113 de nuestra Constitución, el que se ha llevado a cabo, es decir, la Moción de Censura, y la Cuestión de Confianza, que es planteada por el propio Presidente
del Gobierno, para saber si su programa político o una declaración de política general cuenta con el apoyo del Congreso de los Diputados. En este caso, la Moción de Censura ha venido propiciada por la sentencia del caso “Gürtel” tras la que el Partido Popular se ha convertido en el primer partido nacional condenado por corrupción en democracia.

Pedro Sánchez ha hecho público esta tarde quienes serán sus Ministros y para mí, es un gran avance que haya 11 mujeres a cargo de un Ministerio frente a 6 hombres, sobre todo si miramos anteriores gobiernos como la primera legislatura de Felipe González (1982-1986) en la que no había ni una sola mujer o los de José María Aznar que, en ocho años como Presidente, tan sólo nombró como Ministras a 10 mujeres. La primera mujer que ocupó un Ministerio en un Gobierno Democrático en España fue Soledad Becerril, que en 1981 fue nombrada Ministra de Cultura por el entonces presidente Leopoldo Calvo Sotelo.

De los 17 Ministerios de este nuevo Gobierno, las mujeres ocupan los principales, entre ellos Economía y Empresa, Política Territorial y Función Pública, Defensa, Industria, Comercio y Turismo, Hacienda y Justicia. Según Pedro Sánchez, las movilizaciones feministas y el éxito de la huelga feminista del pasado 8 de marzo han sido un impulso para que se haya decantado por ellas para ocupar la mayoría de carteras de su Gobierno. También ha recuperado el Ministerio de Igualdad que renace ahora como una de las piezas clave de su Gobierno con el compromiso de elevar las políticas de género a un primer nivel y con un Pacto de Estado contra la Violencia de Género por aplicar.

No sabemos cuánto durará este nuevo Gobierno, el primero en el que un candidato se convierte en Presidente sin ganar en las urnas, y sin tener un escaño de diputado en el Congreso, y tampoco si el cambio será para mejor. Va a ser complicado que salga adelante la tramitación de los proyectos de ley con la mayoría que van a seguir teniendo el Partido Popular y Ciudadanos en la Mesa del Congreso así que se presentan por delante unos meses muy movidos en la política española.

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