Vida Hygge

Este primer post del año 2018 voy a hablar sobre un concepto del que leí hace tiempo y que me parece adecuado en estos días en los que el comienzo de año viene siempre acompañado de nuevos propósitos. Es el concepto de hygge, el secreto de la felicidad de los daneses. Y es que parece ser que en Dinamarca, cuando llega un nuevo año, no prometen apuntarse al gimnasio, dejar de fumar o hacer dieta, no llevan a cabo privaciones forzadas, sino que lo que se proponen es ser más amables con ellos mismos y los demás, no castigarse ni negarse nada.

Según el informe anual de la ONU, desde el año 2012, los daneses son considerados como los ciudadanos más felices del mundo. Y mucho tiene que ver con el hygge, que puede concebirse como una actitud total ante la vida, y aunque su traducción es difícil, puede ser definido como una mezcla entre acogedor y bienestar. Tiene que ver con poner mucha atención a las formas de entretenerse en el hogar, y puede verse como algo social,al compartir momentos de disfrute con otras personas, pero también con disfrutar de la soledad. Es más necesario aplicarlo en otoño e invierno porque es la época en la que hay más horas de oscuridad al día y en la que pasamos más horas en el hogar. El propósito del hygge es convertir cualquier lugar en un lugar cálido, confortable y agradable donde poder disfrutar del momento en total confianza.

La idea es relajarse y olvidarse de las preocupaciones de la vida, haciendo algo que nos haga sentir bien con la gente que queremos o con nosotros mismos. Los daneses también consideran que es primordial abrir nuestra casa a los amigos y seres queridos, reunirnos en un ambiente propicio, cuidando cada detalle, incluso los platos y bebidas que vamos a servir, para que se sientan cómodos. Y todo ello evitando pensar en el trabajo, en los problemas, en el estrés diario y las prisas, intentando no romper ese estado de relax en el que estamos tan a gusto que somos capaces de disfrutar en plenitud. Recomiendan también hacerse con un “kit de emergencia hygge”, una rutina sencilla pero adaptada a los gustos de cada uno, que sirva como antídoto ante un día estresante, por ejemplo.

Los estudios dicen que, sobretodo a partir de los 30 años, necesitamos con más frecuencia encontrar respuestas para alcanzar la felicidad. Yo que ya estoy en esa edad, pienso que es importante que busquemos la manera de disfrutar de las cosas buenas que nos pasan día a día y que eso obviamente nos hará sentirnos más felices. Ahora es un buen momento para empezar a practicar el hygge, alargando el tiempo en el que nos quedamos bajo el edredón un domingo por la mañana o tomando una taza de chocolate caliente cuando fuera está helando, intentando que llegue a convertirse en una forma de vivir todo el año.

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¡Adiós 2017! ¡Hola 2018!

Llegó el último día de este 2017, un año más que se marcha y otro año nuevo que llega con más metas y sueños que cumplir. Toca agradecer por todos esos momentos únicos que hemos podido vivir y que permanecerán en nuestra memoria. Decía Henri Frédéric Amiel que “El tiempo no es sino el espacio entre nuestros recuerdos”. Y es que si pensamos en todo lo que nos ha ocurrido en el transcurso de este año, podemos darnos cuenta de que lo vivido representa muchas experiencias, buenas y malas, muchas emociones, muchas sensaciones, muchos sentimientos y muchos pensamientos, todos ellos parte de nosotros ya.

De enero yo me quedo con la imagen de Yecla nevada y la cara de felicidad de mi sobrina al ver nevar por primera vez. Febrero y marzo fueron meses de recuperación post-PIR que siempre son duros de llevar. En abril viajé al lugar más inhóspito donde he estado y en el que descubrí a la gente más paciente y hospitalaria que creo que jamás conoceré: los campamentos de refugiados saharauis. En mayo, mi mes favorito, disfruté como cada año todos los actos relacionados con de las Fiestas de San Isidro. Junio fue un mes de celebraciones y de volver a un lugar que siempre que visito me trae muy buenos recuerdos familiares: Portaventura. En julio y agosto volvió a casa Jaiduma y este año, probablemente su último en España, hicimos un viaje en familia a Benidorm, que a mí me ilusionó casi tanto como a ella. Septiembre se me hizo largo, seguramente porque a finales me esperaba mi viaje a Atenas, ciudad que me sorprendió gratamente. Noviembre y diciembre han sido meses en los que he recibido noticias muy buenas para gente a la que aprecio mucho y que me hace pensar que este 2018 va a ser un gran año.

Dicen que cuando llega este día hay que dedicar tiempo a pensar bien y responder a 3 preguntas que nos llevan a saber quienes somos , dónde estamos y a dónde queremos ir. Estas 3 preguntas son:

– ¿Qué fue lo peor del año pasado? Cuando tengamos la respuesta tenemos que intentar aceptarlo y aprender algo de la experiencia, debemos ser capaces de dejar ir.

– ¿Qué fue lo mejor del año pasado? Cuando tengamos la respuesta, debemos quedarnos con todas esas buenas sensaciones para empezar el nuevo año.

– ¿Cuál es tu mejor propósito para el año nuevo? Tenemos que comprometernos con nosotros mismos, elegir algo que esté en nuestra mano y que nos haga ser más felices.

Yo desde aquí quiero agradecer a todos los que han hecho que este 2017 sea un año más que bueno, por todos esos momentos vividos y compartidos. Cómo ya he dicho, creo que 2018 va a ser un año repleto de instantes inolvidables y mi intención es vivir cada uno de ellos intensamente. Gracias a todos los que habéis leído alguno de mis post de este año, ¡Adiós 2017!¡Hola 2018!.

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Blues de Navidad

La Navidad ya está aquí. Desde hace semanas en las televisiones emiten insistentemente anuncios de turrones, perfumes y juguetes, las calles se han iluminado con luces de colores y adornos navideños, y hay gente por todas partes. Esta es una época de buenos propósitos y en la que experimentamos gran cantidad de emociones. Y aunque en su mayoría son positivas, también podemos sentirnos tristes o irritados, lo que puede llevarnos a pensar que no son unos días tan felices cómo nos quieren hacer pensar.

En Navidad sentimos emociones muy intensas y se produce a menudo un gran contraste emocional, un efecto sube y baja, que puede dejarnos emocionalmente agotados. Si evocamos recuerdos de Navidad de nuestra infancia, probablemente nos sentiremos felices añorando aquellos años en los que no faltaba nadie a la mesa y esperábamos con ilusión la llegada de los Reyes. Pero conforme pasan los años, las ausencias pesan demasiado y la ilusión da paso a un consumismo casi obligado, que nos hace sentirnos tristes y estresados. Además, tememos no poder controlar los intensos sentimientos de nostalgia, sintiéndonos mal al no poder experimentar la alegría y regocijo que los medios aseguran que debemos sentir.

Todos conocemos a alguien al que estas fechas navideñas no le gustan y rehusa participar en todas las actividades relacionadas con las mismas. En la mayoría de los casos la razón es haber afrontado la pérdida de algún familiar en las fechas cercanas a esta celebración, y no poder seguir viviendo las fiestas de la misma manera sin tener ya su presencia. Esto en psicología se conoce como “Depresión Blanca” o Blues de Navidad” y según Organización Mundial de la Salud, un 5,2% de los españoles padece sus síntomas. Quien la experimenta, suele sentir una enorme tristeza, nostalgia, falta de apetito, alteraciones del sueño y ansiedad en grado leve.
Estas personas se sienten distintas por no experimentar la alegría que según la sociedad debemos notar y están deseando que la Navidad acabe cuanto antes.

La Navidad ha sido idealizada por la gran mayoría como un periodo donde los sentimientos se transforman y en el que predominan los actos de generosidad y reconciliación en muchos sentidos, más allá del espiritual. Y lo cierto es que, pensar que hay que vivir la Navidad desde una posición de alegría es rígido, ya que cada persona está atravesando un momento vital que puede ser distinto al nuestro, y debe ser respetado.

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La amistad, el lado bueno de las cosas.

Estos días pre-navideños son días de reencuentros, sobre todo con aquellos amigos que están lejos pero que en Navidad siempre regresan para disfrutar las fiestas junto a sus familias. Siempre he pensado que la amistad es algo muy valioso y que hay que cuidar porque, a pesar de los distintos caminos y decisiones que tomamos en nuestra vida, el tiempo y la distancia, nada debe hacernos perder ese vínculo de afecto que nace con determinadas personas que se cruzan en nuestro camino.

Los niños, a partir de los 4 años, eligen a sus amigos por su disponibilidad para compartir, ser honestos y ayudar, es decir, por su capacidad de actuar sin egoísmo cuando se trata de procurar el bienestar ajeno. Más adelante, en la adolescencia, la amistad nos ayuda a aprender habilidades sociales complejas, conocernos mejor y saber quiénes somos. Y ya en la vida adulta, ampliamos nuestro círculo de amistades, que vamos reduciendo conforme nos acercamos a la vejez, etapa en la que se prioriza la calidad y no la cantidad. Nos apartamos de las relaciones superficiales y de las conflictivas.

En una amistad auténtica se dan cuatro características: la confianza, la sinceridad, la fidelidad y la reciprocidad. La decisión más importante que podemos tomar en nuestras vidas es elegir con quién pasamos el tiempo y, a su vez, el método que más y mejor garantiza nuestro bienestar. Un amigo siempre está ahí, escucha lo que te pasa, te dice lo que opina y te reconforta. Es inteligente invertir en aquellas personas que nos hacen sentir bien. Elegir un círculo social estable aumenta las posibilidades de llegar a ese estado llamado felicidad.

En un estudio realizado por la psicóloga Julianne Holt-Lunstad, se ha demostrado que dejar de lado a los amigos puede ser tan perjudicial como fumar 15 cigarrillos diarios. Además parece que nuestras ondas cerebrales se sincronizan cuando estamos en presencia de otros, lo que significa que las personas con la que nos relacionamos tienen realmente un impacto en nuestra vida. Tenemos amigos que son iguales a nosotros, otros que son muy diferentes y otros que son un perfecto término medio. Pero todos ellos nos ayudan a sobrellevar la vida, no nos juzgan, nos aconsejan, nos cuidan y nos ponen en vereda cuando es necesario.

Las buenas amistades perduran a través del tiempo y el espacio. A veces tenemos amigos que sólo vemos esporádicamente y cuando los volvemos a ver parece que el
tiempo no ha pasado y la relación continúa donde se quedó. Para mí no hay nada mejor que compartir y celebrar los éxitos con ellos, alegrarse de lo bueno que les pasa y acompañarlos en sus momentos importantes. Los amigos son personas que siempre están ahí,  agradables compañías que a veces incordian, que te quieren, pero sobre todo que hacen que la vida  sea más agradable.

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TOC, TOC.

Hace unas semanas fui al cine a ver la película “TOC TOC” una comedia (basada en una exitosa obra de teatro) en la que se muestran distintos síntomas del Trastorno Obsesivo Compulsivo, ese gran desconocido trastorno mental. Y aunque está hecha en tono humorístico, creo que refleja bastante bien la realidad de estos pacientes. La verdad es que me gustó, como ya lo hizo también la película “Kiki: el amor se hace”, porque de alguna manera los espectadores pueden conocer cómo los trastornos mentales afectan a la calidad de vida de quien lo padece. Gracias a la obra de teatro y películas como esta, se pueden llegar a normalizar y dar visibilidad a esta problemática.

El trastorno obsesivo-compulsivo se caracteriza por obsesiones, que causan ansiedad y malestar significativos, y/o compulsiones cuyo propósito es neutralizar dicha ansiedad. En la película cada uno de los personajes explica sus síntomas y cómo tener el trastorno les impide llevar una vida normal. Y todos coinciden en uno de los criterios que debe cumplirse para el diagnóstico: las obsesiones deben experimentarse como absurdas, desagradables e irracionales. Esto quiere decir que son egodistonicas, y ocurre cuando los pensamientos, conductas, impulsos y actitudes nos son congruentes y no están en sintonía con la personalidad de quien los tiene. Por eso provocan malestar e incomodidad y la necesidad de suprimirlos.

El personaje protagonizado por Paco León acumula objetos innecesarios (algo parecido al Síndrome de Diógenes) y además presenta el síntoma denominado aritmomanía, una obsesión patológica que consiste en la necesidad de hacer continuos cálculos mentales y de regular toda actividad por números. Mientras que el protagonizado por Adrian Lastra tiene obsesión por el orden (búsqueda de simetría y precisión en todo orden de cosas) y además es incapaz de pisar las líneas que separan las baldosas del suelo, lo mismo que el personaje de Jack Nicholson en “Mejor imposible”. Las otras dos categorías principales de síntomas del TOC los presentan los personajes de Rossy de Palma y Alexandra Jiménez. La primera presenta lo que se llama verificación, una inseguridad y constante chequeo respecto de situaciones domésticas, además de miedos excesivos de realizar un daño a otros o cometer un acto sexual inaceptable que le hace rezar repetidamente para eliminar su ansiedad. La segunda presenta lo que se denomina misofobia, un
miedo patológico a la suciedad, la contaminación y los gérmenes, que se acompaña de la compulsión de limpieza o lavado.

Y los otros dos personajes presentan síntomas menos frecuentes. Nuria Herrero presenta palilalia y ecolalia, es decir, repite de forma insistente frases o terminaciones de palabras por la creencia de que así evitará una catástrofe que en su caso está relacionada con el miedo a morir o tanatofobia. Mientras que Oscar Martínez padece el Síndrome de Gilles de la Tourette, frecuentemente asociado a TOC, y cuyo síntoma principal es la cropolalia, que es la tendencia patológica a proferir obscenidades, utilizando palabras y frases consideradas culturalmente inapropiadas en el ámbito social. Normalmente, estas palabrotas y frases malsonantes son pronunciadas en voz más altas de lo normal, como si se tratase de explosiones de rabia, y cada vez que se hace esto puede aparecer un sentimiento de culpa. Además el personaje también muestra múltiples tics motores, también característicos de este trastorno.

Cuando ves la película te sientes identificado en cierto modo con los personajes pues todo tenemos alguna manía, que sin ser considerada obsesión, si se puede ver cómo una preocupación excesiva por algo. Yo tengo unas cuantas, entre ellas que no puedo ver las luces mucho tiempo encendidas, ni los armarios abiertos, que no soporto ver un cuadro que no esté perfectamente alineado, que soy incapaz de tirar las entradas o folletos de los sitios donde he estado, y por supuesto, que tengo que hacer listas de todo, y los que me conocen ¡saben de que hablo!. Sólo si estas manías nos impiden realizar una vida normal, si invertimos demasiado tiempo en llevarlas a cabo o nos sentimos molestos porque no podemos controlarlas, será necesario buscar la ayuda de un psicólogo.

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Sororidad

El pasado sábado volvimos a celebrar en todo el mundo en “Día Internacional contra la Violencia de Género”. En lo que va de año, en nuestro país, han sido asesinadas 46 mujeres y 8 menores en contexto de violencia de género contra sus madres. No creo que nadie dude de lo necesario que es seguir luchando contra las desigualdades en una cultura aún patriarcal y donde perviven las discriminaciones por el hecho de ser mujer. La realidad es que las mujeres de entre 15 y 44 años tenemos una mayor probabilidad de ser mutiladas o asesinadas por hombres que de morir de cáncer, malaria, accidentes de tráfico o guerra combinados. En el post de esta semana quiero hablar de un término que se está convirtiendo en un estandarte del feminismo y la lucha por la igualdad: la sororidad.

A nivel lingüístico, la palabra sigue el mismo patrón que fraternidad, cuya raíz latina es frater (hermano), pero en este caso la raíz sería soror (hermana), aludiendo así a la relación entre iguales de las personas de sexo femenino. La sororidad es una dimensión ética, política y práctica del feminismo contemporáneo. Este término enuncia los principios de equivalencia y relación paritaria, describe la relación de hermandad y solidaridad entre mujeres para crear redes de apoyo que empujen cambios sociales. Apela a las mujeres a unirnos y apoyarnos propiciando la confianza, el reconocimiento recíproco y el apoyo.

Cuando hablamos de sororidad, estamos haciendo referencia a la solidaridad entre mujeres teniendo en cuenta el contexto en el que se da esa solidaridad, uno en el que ha predominado la discriminación y el sexismo durante milenios. Se trata de acordar de manera limitada y puntual algunas cosas con cada vez más mujeres. Sumar y crear vínculos. Asumir que cada una es un eslabón de encuentro con muchas otras, poniendo de manifiesto nuestra valía como colectivo con la intención de generar un auténtico cambio en nuestra sociedad.

En la antigüedad, las mujeres compartíamos muchas más cosas que ahora y además nos ayudábamos y enriquecíamos emocional y psicológicamente. Pero hoy en día, vemos a las otras mujeres como rivales y competidoras, y a veces nosotras mismas, llevamos a cabo conductas que dañan a la idea de hermandad y de feminismo al cuestionar a otras mujeres. El mensaje patriarcal de las relaciones entre mujeres nos predispone a una tensión entre nosotras. Y es que practicar la sororidad no es fácil. Cada vez que valoramos a una mujer por su forma de vestir, su forma de vivir, su sexualidad o su belleza física, estamos contraviniendo la sororidad.

Luchar contra las injusticias sociales y el rechazo al individualismo son la clave. Se ha demostrado como las mujeres nos necesitamos las unas a las otras, porque una mujer que no cuente con redes de apoyo, es una víctima fácil de la violencia de género. Ver lo común de las injusticias que compartimos las mujeres nos predispone a una mayor apertura y acercamiento entre nosotras, a una mayor predisposición a protegernos y a cuidarnos. Al practicar la sororidad podemos descubrir que juntas somos poderosas.

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El mundo necesita música

La música nos acompaña cada día, nos provoca emociones y tiene la capacidad de cambiar nuestro estado de ánimo. Existen canciones que nos producen relajación, otras nos dejan algo melancólicos y otras nos cargan las pilas y nos activan. No cabe duda de que la música es mucho más que un mero entretenimiento, afecta a nuestra manera de percibir el mundo. Hoy, coincidiendo con la celebración del día de Santa Cecilia, patrona de la música, dedico el post a este arte tan presente en nuestra vida.

La música está considerada entre los elementos que causan más placer en la vida. Gracias a una investigación realizada por científicos del Instituto Neurológico de Montreal, se descubrió que las regiones del cerebro que se activan cuando escuchamos música, son las mismas que se activan con la comida, la bebida o el sexo. Esto es, el sistema de recompensa del cerebro, y en especial el núcleo accumbes, una estructura del cerebro que forma parte de los núcleos basales. Pero el valor subjetivo placentero que damos a una determinada música, depende la combinación de sensaciones sensoriales y cognitivas que están influidas también por el estado afectivo.

Se ha demostrado que escuchar música desde pequeños y de forma constante, fomenta las habilidades de lenguaje y la creatividad. Y posteriormente, ayuda a bajar los niveles de ansiedad y disminuir el dolor, además de hacer que nos sintamos más felices y más optimistas. Además, la música puede ser una herramienta poderosa en el tratamiento de trastornos cerebrales y lesiones adquiridas ayudando a los pacientes a recuperar habilidades lingüísticas y motrices. Y se utiliza como una forma de tratamiento en algunos desórdenes mentales como el Alzheimer, la enfermedad de Parkinson, el síndrome de Tourette y las diferentes formas de autismo.

La música ha permanecido como algo inherente al desarrollo de la historia de los humanos. Además, es una de las formas de arte más fáciles de utilizar, podría decirse que es la expresión artística que más moviliza nuestro interior. Y es que todos tenemos una “banda sonora” de nuestras vidas, canciones favoritas que nos recuerdan a personas y momentos que queremos guardar por siempre. La música se mete bajo la piel, crea sentimientos intensos y recuerdos fuertes. No hay nada más básico que ella y al mismo tiempo no hay nada más complejo ni hermoso. Ya lo dijo Nietzsche: “Sin música la vida sería un error”.

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